Saltar al contenido

Clase III: Halogenuros

Entre los halogenuros se incluyen los minerales que resultan de las combinaciones de los cuatro halógenos —flúor, cloro, bromo y yodo— con metales. Fluoruros y cloruros están representados por numerosas especies, al contrario de los bromuros y yoduros, que son raros. En la obra de Hugo Strunz esta clase está dividida en tres subclases según su composición química: halogenuros simples, halogenuros dobles o complejos y oxihalogenuros.

haluros

Halogenuros simples y dobles 

En el primer grupo, el de los halogenuros simples, algunas especies se caracterizan por la relación metal-halógeno igual a 1. Una primera serie comprende los cloruros y yoduros de cobre y de plata, de simetría tetraédrica, corno la nantokita, la marshita y la miersita, o hexagonal, como la yodargirita, que se encuentra en las monteras de minas situados generalmente en localidades desérticas. 

En una segunda serie, sin embargo, se incluyen todos los minerales que tienen la misma estructura que el halogenuro más importante, la halita o sal gema, constituido por cloruro de sodio y de simetría cúbica; menos común es la sylvina, un cloruro de potasio presente en algunos yacimientos evaporíticos, y todavía más raros son los fluoruros corno la villiaumita, que contiene sodio, y la griceíta, con litio, presente en diversas rocas alcalinas. La misma estructura muestra también el cloruro v el bromuro de plata, respectivamente clorargirita y bromargirita, que se encuentran en las monteras de minas argentíferas. Una estructura también cúbica, pero más similar a la del cloruro de cesio que a la de la halita, caracteriza el cloruro de amonio, el denominado salmiac, que se origina en las fumarolas. 

En los halogenuros de mercurio tenemos una estructura típica, de simetría tetragonal; entre ellos el más importante es el calomelano, un cloruro presente en las monteras de algunas minas de mercurio, mientras que son menos frecuentes y de reciente descubrimiento el bromuro kuzminita y el yoduro moschelita. En los halogenuros en los que la relación halogenuro-metal es de 2, son significativos los fluoruros de magnesio y de calcio; el primero, la rarísima sellaíta, es tetragonal, mientras que el segundo, la fluorita, tiene estructura y simetría cúbica y es con la halita o sal gema el halogenuro más común. 

Entre las especies en las que la relación halógeno-metal es de 1 a 3, todas raras, la más conocida es la fluocerita, un fluoruro de cerio hexagonal descubierto al fines del siglo XIX; al mismo sistema cristalino pertenece la gagarínita, un fluoruro de itrio, calcio y sodio. Típica de las fumarolas volcánicas es la molysita, un cloruro férrico. 

Por último, de los halogenuros simples hidratados, el único de relieve es la bischohta, presente en algunos yacimientos evaporíticos. En la segunda subclase, la de los halogenuros dobles o complejos, tenemos sobre todo fluoboratos y fluosilicatos, prácticamente exclusivos de las fumarolas volcánicas: recordemos la rara avogadrita, un fluoborato de potasio y cesio, la malladrita y la criptohalita, respectivamente fluosilicato de sodio y de amonio. 

En la misma subclase existe un grupo entero de fluoruros complejos de aluminio, de los que el más importante es con diferencia la criolita, un fluoruro de sodio y aluminio, monoclínico, que en forma de notables masas blancas se encuentra únicamente en una pegmatita de Groenlandia y en pocas localidades más. Entre los minerales que acompañan a la criolita encontramos especialmente otros fluoruros de aluminio, calcio y sodio, como la thomsenolita y la pachnolita, que contienen calcio y sodio; la chiolita, sódica; la prosopita, con calcio; la ralstonita, con sodio y magnesio; la gearksutita, con calcio y agua; más raras son la jarlita y la criolitioni-ta, respectivamente, con estroncio y litio, y la elpasolita, en la que aparece el potasio. 

Oxihalogenuros 

En la tercera subclase, la de los oxihalogenuros, encontramos tres especies con la misma composición química (hidroxicloruros de cobre): la atacamita, rómbica; la paratacamita, trigonal; y la botallackita, monoclínica, entre las cuales la primera es la más abundante. A continuación está la serie de la conelita, un oxiclorurosulfato de cobre de fórmula compleja, que comprende también la buttgenbachita, con el ión nitrato en lugar del sulfato. 

Otra serie es la de los oxicloruros de mercurio, todos muy raros, entre los cuales el más frecuente es la eglestonita; menos difundidas son la terlinguaíta, la mosesita y la kleinita. Tenemos, además, la serie de los oxicloruros de cobre que también contienen plomo, como la boleíta, pero comprende minerales muy similares (pseudoboleíta, cumengita y percylita), to-dos presentados en forma de magníficos cristalitos de color azul, hallados a veces también en las monteras de minas abiertas en zonas aridas o en antiguas escorias sumergidas en el mar.

Relacionados con esta serie están otros dos raros oxicloruros de cobre y plomo, la diaboleíta y la cloroxifita. En las escombreras se encuentran algunos hidroxicloruros de plomo poco comunes, en cristales incoloros muy nítidos. Futre ellos podemos recordar la laurionita, rómbica, la paralaurionita, monoclinica, con la misma composición, y la fiedlerita; mucho más raro es el clorofluoruro de plomo, la matlockita, que tiene la misma estructura tetragonal que la bismoclita, un oxicloruro de bismuto. Minerales casi exclusivos de las fumarolas del Vesubio (Nápoles, Italia) son el cloruro de plomo cotunnita y el cloruro de potasio y plomo pseudocotunnita.

La última serie de esta tercera subclase comprende un oxicloruro de plomo, la mendirita; hidroxicloruro de plomo, la penfieldita; un oxiclortiro de antimonio, la nadorita, y un arsenito-cloruro de plomo característico  de algunas minas de Suecia: la ecdemita.