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Clase I: Elementos nativos

elementos nativos

De acuerdo con los criterios de clasificación introducidos anteriormente, a partir de estas páginas analizaremos de una en una, las diversas clases mineralógicas, empezando por la más sencilla, la de los elementos nativos, a la que pertenecen también los carburos, los nitruros v los fosfuros. La clase se divide en dos subclases, una que comprende los metales y la otra los semimetales y los no metales. Se trata de sustancias formadas por una sola especie de átomos (elementos químicos), que se encuentran en la naturaleza en estado nativo, sin formar combinaciones. Y dado que en la superficie de la Tierra hay oxígeno en estado libre —lo cual da origen a un ambiente oxidante— los elementos nativos más frecuentes son los que mejor resisten hi oxidación, como muchos de los metales preciosos. 

elementos nativos

Los metales 

En la primera de las dos subclases, la de los metales, el ejemplo más importante es el del oro, elemento que en la naturaleza se encuentra casi siempre en estado nativo, aunque en forma de gránulos microscópicos; rara vez se presenta en ejemplares bien visibles, en ocasiones de calidad notable. También la plata nativa puede formar. ejemplares magníficos, en general de un típico aspecto filiforme o arborescente. Es más escasa que el oro, a pesar de lo cual este último es más apreciado. La explicación se debe al hecho de que gran parte de la plata que se encuentra en el comercio no deriva de ejemplares del metal nativo, sino que se obtiene a partir de diversos sulfuros. 

Es también el caso del cobre nativo, la mayor parte del que se encuentra en el mercado procede de sulfuros como la calcopirita. De notable importancia son los elementos del grupo del platino; aunque estos, como el oro, se encuentran en su mayor parte en estado nativo, también se conocen otros minerales de interés industrial (esperrylita, un arseniuro). El nombre de platino deriva del nombre dado por los españoles a un metal que acompañaba el oro en Colombia. Precioso debido a que es raro e inalterable, inicialmente fue tenido como muy similar a la plata (se lo denominó «platina del Pinto», río en el cual fue descubierto). 

Al principio los concentrados de platino se separaban del oro y eran devueltos al río; después, debido a la creación de nuevos sistemas de trabajo que permitían una más fácil fusión, el nuevo metal suscitó interés en Europa. Con el platino se encuentran —por lo general en forma de aleaciones o de minerales corno sulfuros y arseniuros, pero también excepcionalmente en estado nativo—los otros metales de su grupo, es decir el paladio (el más abundante), el iridio, el rutenio, el osmio y el rodio, muy buscados por la industria para obtener catalizadores muy activos. Las mejores marmitas catalíticas, por ejemplo, requieren el uso de platino y rodio. 

Además, un mineral que en forma de pequeñas escamas hexagonales a menudo acompaña al platino es una aleación natural de osmio y de iridio, denominada osmiridio o iridosmina. Entre los elementos nativos se incluye también el hierro; sin embargo, los ejemplares terrestres de este metal, tan fácilmente oxidable, son muy raros. Los ejemplares nativos en efecto, proceden casi todos de los meteoritos, en los que el hierro aparece en aleaciones con cantidades más o menos considerables de níquel. Parece que los primeros objetos constituidos por tal material han sido forjados a partir de estos cuerpos celestes. 

Este supuesto parece confirmado bien por los usos de algunos pueblos primitivos (los esquimales, por ejemplo), bien en hallazgos arqueológicos muy antiguos en China y en Egipto, entre ellos un jeroglífico que representa el hierro y que, al parecer, corresponde al significado de metal caído del cielo. Tienen un claro origen terrestre algunas aleaciones naturales de hierro y níquel, con predominio de este último, como la awaruita y la josephinita. 

Entre los metales nativos se incluye también el mercurio, bajo forma de minúsculas gotitas, cuyo origen está relacionado con un sulfuro, el cinabrio, del cual se ha oxidado y eliminado el azufre, dejando el metal libre. En la naturaleza existen interesantes compuestos intermetálicos entre mercurio y plata u oro, las denominadas amalgamas, como la moschellandbergita, amalgama de mercurio y plata. El plomo nativo es mucho más raro, dado la facilidad con que se oxida: esta especie es exclusiva de algunos yacimientos de manganeso asociado a minerales fácilmente oxidables —como manganosita y pirocroíta que se han formado sus-trayendo el oxígeno de los compuestos más comunes. 

Semimetales y no metales 

De la segunda subclase de los elementos nativos forman parte los semimetales, es decir las sustancias intermedias entre los metales y los no metales: todos estos minerales son frágiles, se pulverizan con facilidad y tienen un brillo metálico. Entre dichos elementos, no particularmente raros, se incluyen el arsénico, el antimonio y el bismuto; mucho menos común es el teluro. 

Se tiene también un compuesto intermedio, la estibiarsenita, que constituye parte de la denominada allemontita, formada por una mezcla de arsénico y antimonio. A la segunda subclase pertenecen también los no metales; un caso muy importante, por cierto, es el del carbono, que muestra dos modificaciones principales, el diamante y el grafito, y una tercera modificación„ rarísima, descubierta recientemente en los meteoritos, la lonsdaleita. También es común el azufre nativo. 

Se encuentra en dos tipos de yacimientos: en rocas sedimentarias o cerca de los cráteres de los volcanes. Se conocen también modificaciones del azufre, pero no son lo suficientemente estables como para conservarlas en las colecciones (azufre-beta, rosickvita). Un elemento con propiedades intermedias entre el azufre V teluro es el selenio, el cual a veces puede aparecer en estado nativo.